Hoy fui, luego de 30 años de no hacerlo, a una iglesia mormona. Me llamò tanto la atenciòn que las personas de ese lugar tienen para con sus miembros. Hablo de una relaciòn personal, una atmòsera amigable, un lugar limpio y ¡que rico!, con aire acondicionado.
Me llamò la atenciòn el que no hubiera imàgenes de santos o nichos con veladoras dedicadas a una deidad y que son cosa comùn en las iglesias catòlicas.
No es que sea yo un practicante asiduo o que comulgue al 100 por ciento con las creencias de esta iglesia, pero la diferencia, en comparaciòn con los templos catòlicos a donde he asistido desde que tengo memoria me hizo reflexionar en un sin fin de cosas.
Siempre he estado en desacuerdo con que en las iglesias catòlicas se representen ùnicamente àngeles y querubines rubios y muy lindos precisamente en un paìs donde solo el 10 or ciento de la poblaciòn es blanca. Esto sin dudas se debe a que recibimos a esta religiòn como parte de la cultura traìda por los conquistadores españoles hace ya varios siglos.
Para mi particular modo de ver las cosas,es esto un racismo implìcito que ha perdurado como parte de un atavismo cultural al que no hay mano humana capaz de ponerle fin. Sin embargo, en la iglesia mormona no hay este racismo implìcito.
Otra cosa que vale la pena notarse, es que en este lugar hay varios miembros, los èlderes, que son norteamericanos, la mayorìa rubios y de rasgos claramente caucàsicos. Esto no es novedad, pues estamos acostumbrados a verlos ir y venir por nuestras calles. Lo curioso es que, a diferencia de otros lugares de reuniòn social, en este lugar, la iglesia mormona, no percibe uno ese lenguaje semiòtico de estas personas de raza blanca, que nos exige a nosotros, morenitos, una actitud de sumisiòn hacia sus personas y que uno llega a percibir como algo natural, dado lo comùn que es.
No, en este lugar dedicado al culto, no percibì màs que una calidez de estas personas y un interès genuino hacia los miembros que forman parte de su comunidad religiiosa.
Y otra vez mi mente se fue a la iglesia catòlica, con tantos padres dedicados fervorosamente hacia su labor espiritual, pero que viven y subsisten dentro de una instituciòn que permite cosas terribles como este mencionado racismo a la mexicana, quedito, que ya forma parte de nuestra cultura.
Y no es que estè en desacuerdo con estos sacerdotes, que tambièn tienen una ardua labor guiando a sus ovejas y que procuran que estas sigan el camino que los conducirà a la salvaciòn. Lo que pasa es que se mueven dentro de una cultura donde el indìgena està en un plano de ciudadano de segunda y ellos no hacen nada para remediarlo. Las imàgenes religiosas siguen siendo de personas blancas, y hablo especialmente de las vìrgenes. Y no me vengan con que la virgen de Gudalupe es la morenita del Tepeyac cuando todos bien sabemos que esta fue una estrategia de la iglesia catòlica para hacerse de fieles durante la època de la Colonia. No me hablen tampoco de san Martìn de Porres, el santo de color, que, con todo y que es santo, dentro de la jerarquìa divina no alcanza el papel principal, que, de manera atàvica, y hablo en estos momentos de Jesucristo, mal representan como una persona de rasgos caucàsicos, de piel blanca, e incluso en algunos casos, con ojos de color, dando asì continuidad al marcado racismo que subsiste dentro de esta instituciòn tan antigua.
Soy creyente en Jesucristo, eso si, pero no comulgo con que se use su imagen para implicar que, èl, en su papel de deidad, tiene que ser representado en su fase humana como un ser de raza blanca y caucàsica, dentro de una sociedad, la mexicana, que se ha valido de todos los artilugios posibles para hacer perdurar la creencia de que la raza superior, "la que si es decente", es la blanca.
Toda esta serie de ideas atàvicas, racismos inconfesables, màs las ya concidas de la Inquisiciòn y demàs, fueron desfilando por mi mente mientras me encontraba escuchando el evangelio en esta iglesia mormona. Y es que en este lugar de culto, no pude percibir, por màs que tratè, este racismo sutil, implìcito, sobrentendido, que estoy acostumbrado a percibir en otros sitios.
Quizà no me vuelva yo un mormòn practicante, pero una cosa si. Desde este blog les expreso mi profundo respeto y solidaridad, no tanto por su labor evangèlica que es encomiable, sino por el papel que juegan al romper el paradigma implicito racista con el que vivimos y comemos dentro de nuestro querido, pero todavìa atrasado paìs.
Omar Cortès.


